En la mente del violador: así es y así actúa

Ana, 23 años. Era sábado por la tarde y había salido con sus amigas a pasárselo bien a una de las discotecas de moda de la capital. Entre bailes y muchas copas, conocieron a unos chicos. Parecían majos. Invitaron a un par de rondas. A las cuatro de la mañana cerró el local y todos salieron en dirección a sus casas. Dos de ellos se ofrecieron a acompañar a Ana y a su amiga Julia a la calle principal para que cogiesen un taxi, ya que era muy tarde. Julia se subió al primer coche que llegó. Ana tardó más en volver a casa, pues fue empujada al callejón y violada por sus dos nuevos amigos. Esos que estaban velando por su seguridad, escoltándola hasta el taxi como auténticos caballeros.

Enlace a la noticia

«Lo más cruel de una violación es que la gente te exige seguir siendo la misma persona»

La violación a Vanessa no terminó cuando la forzaron aquella tarde cercana a la Navidad. Ni siquiera terminó cuando su captor la dejó marchar por la rambla. La vida se le llenó de un veneno del que no podía escapar ni en sueños. Fue en 1999, pero hace solo dos años que las pesadillas desaparecieron. «La agresión dura 20 minutos, pero en ese tiempo vuelves a nacer... para mal».

Enlace a la noticia